La exposición de fotografías de las ruinas del Casino de la Rabassada cosecha éxito en Barcelona

En Barcelona, del 6 al 26 de noviembre, se celebrará la exposición fotográfica de Francesca Portolés dedicada a las ruinas del legendario Gran Casino de la Rabassada. La muestra se instalará en la sede de la Agrupació Fotogràfica de Catalunya y presentará imágenes inéditas de 1988, tomadas mucho antes de que los terrenos del antiguo casino se volvieran prácticamente intransitables y peligrosos. Fotografías que permanecieron guardadas durante más de tres décadas se ofrecen ahora al público por primera vez.

Las ruinas de la carretera de la Arrabassada y por qué no conviene acercarse

Los restos del complejo se encuentran en la carretera de la Arrabassada, en dirección Barcelona — Sant Cugat, a pocos centenares de metros del desvío hacia el parque de atracciones del Tibidabo. Cualquier conductor puede distinguir los fragmentos de las construcciones desde la ventanilla del coche. Sin embargo, el acceso a las ruinas está actualmente prohibido y resulta extremadamente peligroso por el riesgo de derrumbe de las estructuras que aún se mantienen en pie. La propia Portolés, que intentó regresar a las ruinas hace dos semanas, se detuvo en la entrada: «No me atreví a entrar, ahora es imposible. Antes se podía caminar, pero ahora hay un precipicio nada más llegar. Lo vi y me dije: me voy». La exposición se convierte, en la práctica, en la única manera segura de asomarse al interior de este fantasma de la Belle Époque barcelonesa.

El auge y la desaparición del Gran Casino de la Rabassada

La historia del complejo se resume en unas pocas fechas clave, cada una de las cuales marca un giro vertiginoso del destino:

  • En 1899 se inauguró el hotel, precursor del futuro establecimiento de juego
  • En julio de 1911 abrieron sus puertas el casino y el parque de atracciones, envueltos en una atmósfera de modernismo y exclusividad
  • Ya en 1912 el negocio se hundió a causa de la prohibición de los juegos de azar
  • En 1924, el dictador Miguel Primo de Rivera impuso restricciones totales al juego, aunque él mismo, según testimonios de sus contemporáneos, era habitual del casino y tenía fama de jugador apasionado
  • En 1934 cerró lo poco que aún funcionaba
  • Durante la Guerra Civil el edificio fue utilizado como refugio antiaéreo y polvorín
  • En 1940 el complejo fue prácticamente demolido por completo

Del antiguo esplendor solo sobreviven algunos fragmentos del mirador, los túneles y un aljibe. Una crónica audiovisual detallada de esta historia puede encontrarse en proyectos de archivo municipales, en particular en Barcelona Memory.

Un parque adelantado a su tiempo

Junto al casino funcionaba un parque de atracciones que asombraba a sus contemporáneos por su envergadura técnica. Su joya era una montaña rusa de dos kilómetros, diseñada por LaMarcus A. Thompson, inventor de este tipo de atracciones. Precisamente los túneles de esa montaña rusa aparecen en las fotografías que Portolés tomó en 1988, convirtiéndose quizás en el último testimonio fotográfico claro de la construcción.

La «sala de los suicidios», sin una sola prueba documental

Ninguna publicación sobre el casino prescinde de la mención a la supuesta sala donde los jugadores arruinados podían quitarse la vida. Sin embargo, los historiadores no han encontrado ni un solo caso de suicidio documentado vinculado a este lugar. La leyenda vive por sí sola, acumulando detalles con cada década que pasa.

Un tranvía para la élite

Con el fin de atraer a una clientela adinerada, los promotores del casino lograron organizar una línea de tranvía desde la calle Craywinkel en Barcelona hasta la propia Arrabassada. Este detalle habla por sí solo de la magnitud de las ambiciones del proyecto, que aspiraba a convertirse en un centro europeo del juego.

El valor simbólico de la exposición como «retrato de una época perdida»

La exposición de Portolés resulta simbólica también porque muchos observadores consideran que la era de los casinos físicos en España y más allá de sus fronteras se va retirando paulatinamente. La razón es sencilla: las plataformas online acaparan una cuota de audiencia cada vez mayor. Según datos del regulador español DGOJ, el volumen de negocio del juego online legal en el país casi se ha duplicado en los últimos cinco años.

Una dinámica similar se observa en América Latina, donde el mercado argentino vive un auténtico auge: las provincias legalizan los casinos online una tras otra, y los portales en español, según nos informaron los autores de respinarg.com, registran un crecimiento estable de visitas y de interés por las plataformas de juego. Así que las ruinas de la carretera de la Arrabassada podrían no ser el último casino en convertirse en objeto de una exposición fotográfica. En cualquier caso, son precisamente proyectos como el de Portolés los que permiten preservar la memoria de lugares que en su día definieron la fisonomía de barrios enteros.

Francesca Portolés y el regreso al archivo tras 36 años

La autora de la exposición tiene 77 años. De formación artista, licenciada por la Facultad de Bellas Artes, impartió clases de dibujo en una escuela durante muchos años y actualmente está jubilada. Las fotografías fueron tomadas en 1988 durante excursiones familiares a las ruinas. «Era una jungla, de vez en cuando encontrábamos algo. Íbamos descubriendo detalles uno a uno», recuerda Portolés. La segunda sesión fotográfica la realizó ya con trípode.

El impulso para rescatar el archivo fue un sueño. «Un día, hace cinco o seis meses, soñé con un bosque y en él apareció una de aquellas imágenes. Lo recordé todo», cuenta la fotógrafa. Al sacar las copias del estante, se dijo: «Qué maravillosas son, hay que mostrarlas».

La estereoscopía y la huella de Cèsar Comas Llaberia

Entre las piezas expuestas ocupa un lugar especial la fotografía estereoscópica del casino realizada por Cèsar Comas Llaberia, médico y uno de los pioneros de la radiología en España. Fotógrafo apasionado, dejó un corpus de varios miles de imágenes de Barcelona. La colección llegó a manos de Portolés a través de vínculos familiares, y fue precisamente el trabajo con ese archivo en el marco de su tesis doctoral lo que la condujo hasta las ruinas. El principio de la fotografía estereoscópica es sencillo: una cámara con dos objetivos capta dos imágenes casi idénticas, imitando la diferencia de percepción entre el ojo izquierdo y el derecho, y al observarlas a través de un visor especial la imagen adquiere volumen.

El destino de los fragmentos del complejo

Tras la demolición de 1940, los elementos del casino se dispersaron literalmente por los alrededores. «Me decían que Sant Cugat está lleno de restos del Casino de la Rabassada», señala Portolés. Unos compraron fragmentos, otros simplemente se los llevaron. La memoria del lugar quedó físicamente repartida entre decenas de casas y patios.

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